Del libro: La vida después de la muerte de Yogi Ramacharaka

Los escépticos occidentales podrán objetar que no damos “pruebas científicas” de nuestras afirmaciones acerca de los fenómenos del más allá.
Quien espere pesar, medir y calcular las cosas espirituales con métrica. material fracasará sin remedio, pues nunca obtendrá la deseada prueba. Los aparatos físicos sólo sirven para objetos físicos, y el mundo espiritual tiene peculiares aparatos con que registrar sus fenómenos.
La muerte para el hombre no es más que el estado de crisálida para la oruga. La vida no cesa por un solo instante, sino que persiste mientras la Naturaleza efectúa sus transformaciones. Estrictamente hablando, desde el punto de vista oriental no existe la muerte. No hay muerte. Sólo hay vida con muchas fases y modalidades, a una de las cuales llaman “muerte” los ignorantes. Nada muere realmente aunque todo experimenta un cambio de forma y actividad.
Lo que llamamos muerte o destrucción, aun del más insignificante ser inanimado, no es más que un cambio de forma o condición de su energía y actividades. Ni siquiera el cuerpo muere en el estricto sentido de la palabra. El cuerpo no es una entidad sino un agregado de células que sirven de vehículo a ciertas modalidades de energía que las vitalizan. Cuando el alma deja el cuerpo, las células se disgregan en vez de agregarse como antes. La unificante fuerza que las mantenía agregadas retiró su poder y se manifiesta la actividad inversa.
La mente concreta sólo puede relacionarse con objetos físicamente materiales; la mente superior, subjetiva o intuicional, se relaciona con objetos psíquicos y espirituales. La mente concreta se relaciona con el cuerpo y la intuitiva con el alma de las cosas. Por lo mismo, hemos de buscar el conocimiento respectivo en la región apropiada de nuestro ser.


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Un abrazo

El vuelo de la Mariposa

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